Entrevista con la bailarina y escritora uruguaya Alejandra Darriulat
Por Alexandra De Castro

Escribo estas líneas en los primeros días de otoño en los Países Bajos, todavía con algo de luz veraniega en mis retinas. Por fin he encontrado un rincón de tiempo para poner sobre el blanco electrónico mi conversación con la bailarina y poeta Alejandra Darriulat.
Nos encontramos en una tarde preciosa en Delft, una ciudad estudiantil, puntal tecnológico de Europa donde se mezclan fachadas medievales con edificios modernos. Caminamos por la orilla de un canal y decidimos sentarnos en un bote anclado a la orilla; un velerito gastado que ya no navega sino que sirve de terraza para un café que opera desde tierra firme. Al fondo del canal nos observa la torre inclinada de la iglesia vieja de Delft, una de las más antiguas del país.
Ambas pedimos un capuchino para calentar los motores de la conversación sobre el reciente poemario de Alejandra, Raíces Inversas, una obra poética influenciada por la narrativa que recuerda al libro Blanco de Han Kang.
«En Raíces Inversas tuve la necesidad de narrar a través de un mundo poético. Y puede sonar un poco extraño, pero lo que hice fue poetizar determinados relatos. Son poemas limítrofes entre la narrativa y la poesía», explica Alejandra con un ritmo pausado y un ligero acento uruguayo mellado por la migración.
El libro comienza en la pandemia del COVID, una época de distancias, pantallas, reglas sociales, encierros, enfermedad y sanación. La pandemia nos trajo dolor, pero también nos dejó obras hermosas, como este poemario, que luego va migrando hacia otras épocas siguiendo un proceso creativo que se expandió por varios años.
«Este poemario lo escribí en un espacio de tres o cuatro años y las necesidades fueron cambiando con el tiempo. Lo que sostuvo este “largo” proceso de escritura fue la necesidad de desarrollar aún más los vínculos afectivos a la distancia».
En Raíces inversas, la distancia es una voz constante. Desde los primeros versos ya ocupa un lugar protagónico.
«Contra la fachada del municipio de Delft
letras gigantes, hechas de cartón,
formaban en medio del silencio
una palabra en neerlandés
que en aquellos tiempos
se vivió en todas partes:
afstand/ distancia».
La noción de distancia se manifiesta en otros versos con la dualidad alejamiento/ acercamiento de la pantalla del Zoom, pero también la sentimos en el alejamiento emocional de las relaciones familiares durante la infancia de la voz poética,
«te negabas la honra de ser madre
huyendo de mis abrazos de niña»
o en el ahogo de la cercanía cuando la lectura nos adentra en una situación de agobio y tensión en espacios reducidos.

«A mí me sirvió mucho utilizar la distancia como símbolo, porque en la pandemia la distancia fue imperiosa por un tema de sanación a nivel de multitudes. La distancia que la voz poética pone con la madre es también por un tema de recuperación emocional. La dualidad de la significación distancia, puede ser triste, penosa, pero también necesaria y sanadora», comenta Alejandra sonriente; ella siempre sonríe debajo de su cabello abundante y desbordado.
En Raíces inversas las relaciones familiares tejen historias
Otro de los centros temáticos del poemario de Alejandra Darriulat es la relación madre e hija entre generaciones donde la voz poética es a veces hija y a veces madre.
«Cuando la voz poética pasa a ser madre hay una sacudida y no pasa tanto por darle la razón a la madre, sino por un reconocimiento de que la maternidad no es nada fácil. Darte un lugar como mujer en esta sociedad: pretender ser poeta, trabajar y tener tus propios ingresos y a la vez ser madre es un gran desafío».
Y es que en el poemario de Alejandra la relación de la hija con la madre, con la familia y con los hermanos, se desarrolla de forma cruda y sin indulgencia, más bien dejando ver la realidad, las heridas abiertas y las cicatrices. Pero ¿qué tanto se aleja la voz poética de Alejandra Darriulat?
«Mi poemario es esencialmente autobiográfico» —Confesional, ¿podríamos decir? — la interrumpo. «Sí, pero también se deja atravesar por la imaginación. Cuando creamos, lo autobiográfico nunca se transmite de forma literal, es solo un punto de partida, es como la arcilla para un escultor, es la materia que el escritor moldea».

El ADN poético de Alejandra reflejado en su obra
Entre las muchas influencias que se dejan ver en el poemario, Circe Maia y Emily Dickinson fueron esenciales, forman parte del «ADN poético» de Alejandra —como lo llamaba Eugenio Montejo. Mientras conversamos sobre Emily Dickinson, Alejandra me comenta cómo uno de los versos del poema I measure every Grief I meet de Emily Dickinson le resonó con fuerza.
«There is a Grift of Want», repite Alejandra varias veces con Raíces inversas abierto entre sus manos, y lee el inicio del poema 19:
«“There is a Grift of want.”
«Hay un Dolor que es de Carencia»
—escribió la poeta Emily Dickinson—.
Me reconozco en ese dolor
lejano y cercano a la vez,
porque la infancia es esa segunda piel
que llevo conmigo
hasta la despedida final».
Alejandra retira la mirada del libro y reflexiona:
«A mí, lo que me atravesó de este verso fue que representa el dolor más grande en la relación con mi madre. La voz poética manifiesta esa carencia especialmente en la infancia». Pero luego aclara que «la poesía es la oportunidad de zambullirse en esa carencia, de reconocerla, de expresarla, de darle un lugar, de trabajarla a través de los versos. Conviertes esa carencia en algo hermoso».
Mientras Alejandra comenta su poema, recuerdo a Fernando Pessoa y sus versos cargados de belleza en medio de su desasosiego.
La migración como eje temático
Pido una tarta de chocolate. En el ambiente se cuela un bullicio en inglés y neerlandés, mientras nosotras conversamos en español. Situación que nos recuerda que ambas somos migrantes, tema esencial en la obra de Alejandra.
«La poeta no sólo migra a otro territorio, diferente de la tierra donde se crio, sino que se embarca hacia una migración a nivel lingüístico. Hay poemas que lo mencionan sobre todo a través de la relación entre la poeta y su hijo. La nueva generación trae también la nueva lengua. Y las dificultades con que la poeta migrante al principio se tropieza para poder asimilar una lengua tan compleja y distinta a la materna».
Esa complejidad de la vida familiar entre culturas la vemos surgir en el poema 5
«La lengua madre es mi tierra
punto de apoyo en nuevos paisajes
ancla silenciosa entre los sonidos
del idioma adoptado. Busco equilibrio
entre tantas consonantes
Scheveningen, Scheveningen, Scheveningen,
repito una y mil veces
el nombre de una ciudad del mar del norte,
intento incorporar las sílabas ajenas
a mi infancia,
las que vieron nacer y crecer
a mi hijo en los Países Bajos».
Alejandra adopta una mirada enriquecedora de la migración. No elige un lugar por otro, sino reconoce que tanto la tierra de origen como la de adopción han «forjado su identidad».
Hacia el final del poemario aparece un tercer escenario: no es su tierra natal, Uruguay, o el de acogida, Países Bajos, sino que la voz poética nos lleva a los fiordos noruegos en El verano donde nunca se pone el sol, título de la segunda parte del libro. Allí, Alejandra nos transporta en barco hacia la transformación interna. Vuelve a un momento de confinamiento, pero esta vez por elección, donde la sanación emocional ocurre frente a la perplejidad de la belleza de los paisajes.
«El viaje a los fiordos me sirvió para trabajar otras simbologías. Es un momento donde la voz poética busca esperanza, y a nivel interno, busca una reconciliación con su madre, apoyándose en la buena relación con su hijo. Intenta entender y aceptar a esa madre. Así, ese barco atravesando el mar del norte, los pueblitos y las montañas y la belleza de la naturaleza, revitaliza el espíritu».
Alejandra Darriulat es bailarina y escritora uruguaya nacida en Leuven (Bélgica) en 1971. Estudió literatura en el I.P.A (Instituto de Profesores Artigas) en Montevideo, Uruguay. Se formó como escritora con los reconocidos escritores uruguayos, Mario Levrero y Milton Schinca. Actualmente reside en Delft, en los Países Bajos, con su esposo y su hijo. Trabaja en DOK, la Biblioteca Pública de Delft. Ha publicado la novela corta La derrota, novela corta, (Artefato, Montevideo 2005) y los libros de poesía La voz del viento (Rebeca Linke editoras, Montevideo 2013), En la estación (Amazon, Delft 2017), Voces entre dos orillas/ Stemmen tussen twee overs (antología poética bilingüe, junto a las poetas Mariana Rosa, Cuca Esteves, Alejandra Szir y Mirjam Musch (RIL editores, España 2024) y Raíces Inversas (RIL editores, España 2026).

4 respuestas
Tento el gram honor de conocer a mi compatriota Alejandra personalmente y siento gran orgullo y admiración por su trabajo
¡Muchas gracias Jessie querida! 🙏🫶
Alejandra es para mi una hermana del alma y sus palabras compartidas hace ya unas décadas siempre fueron un canto a la belleza de la vida, en todas las formas…casi atrapadas en momentos difíciles pero saliendo a la luz a través de sus letras juguetonas, coquetas, doloridas o desnudas…pero siempre, siempre llenas de amor!!
Qué bello, buena lectura. Me quedan resonando las palabras de Alejandra cuando habla de trabajar la carencia a través de los versos para convertirla en algo hermoso. Es como una curación.