Nuevos hermanos

Por Blanca Cano González

He tenido que ingresar un código de números para que el ordenador supiera que soy yo. El sistema de reconocimiento facial no me ha funcionado porque no llevo gafas y acabo de levantarme. Bendito código.

Ahora tendré que escribir esto a media mirada, y es que me he levantado tarde. Ayer estuve con un grupo de escritores que no conocía y me urge dejar los recuerdos aquí, antes de que se retire la ola de las impresiones. Suele ser así. Cuando la realidad me impregna por dentro y luego se retira, la arena llena de brillos y residuos se queda respirando extasiada mirando un cielo interminable. La vida no termina cuando cierro los ojos.

– ¿Por qué no hablamos de la Inteligencia Artificial ahora que estamos juntos?

Amira se ha atrevido a mencionar al Monstruo de las Cabezas Binarias y nos provoca entusiasmo y repulsión a la vez.

– También podríamos hablar de libros -comenta Juan Carlos- pero tienes razón, la IA nos trae…

Y como si en el grupo se hubiera muerto alguien, guardamos casi un minuto de silencio pensando en la amenaza de este sistema infernal que va a controlar nuestros textos antes de que un agente editorial se anime a leerlos. Ellos habrán de pasar todo por el filtro a ver si no los queremos estafar con una obra que en verdad no es nuestra.

– Acabo de leer que Cien años de soledad fue escrito por la IA en un sesenta y ocho por ciento -afirma uno burlándose- imagínate qué será de nuestros textos cuando los pasen por el control.

– Es monstruoso -comenta Ricardo- hace poco metí un cuento mío a ChatGPT y le pedí una crítica rigurosa del texto… y lo hizo maravillosamente, lo dejó destrozado, tanto o más que cualquier especialista literario.

Somos nueve a la mesa porque algunos ya se han ido. Tomamos un sorbo de algo y escuchamos. Qué será de los escritores si una máquina genera textos y críticas, si lo que antes hacían los humanos ahora es innecesario. Qué va a pasar con nuestro mundo cuando nadie crea que nuestras manos están detrás de las palabras escritas.

– Yo creo que los que más van a sufrir son los autores de las novelas rosa, -les digo- porque eso no es más que una serie de fórmulas enlazadas con lugares comunes. Esas novelas se están generando ahora por montones en una fábrica que escupe textos las 24 horas, estoy segura. Corín Tellado ya no sería millonaria en estos tiempos.

– Pero los editores sí. Los que ponen a trabajar a un equipo de aparatos para el placer público.

– El arte -explica Serafín andando lento por sus palabras- el arte es el producto del ser humano, de las vivencias puras. Hay fealdad e imperfección en lo que escribe un humano, y eso no lo copia la máquina. El alma no está ahí.

– ¿Pero cómo convences a un editor de que tú mismo has escrito un texto? ¡Te imaginas si se acaba la literatura!

Esta tarde hemos estado preparando la presentación del 22 de abril en el Cervantes, y ahora apoyamos los codos en la mesa hablando de tecnología. En cada silla está sentado un mundo de soledades y nostalgias por una tierra lejana. Ninguno de nosotros ha nacido en Holanda. Aun así no hablamos de nuestros países, sino de cómo fue que empezamos a escribir, cuáles fueron nuestros primeros textos.

Veo en la memoria la melena que Sara acaricia al hablar con intensidad.

– Yo tenía un diario en el que ponía todo y un día lo dejé de usar. Estaba por ahí cerrado, y un novio, o bueno, un exnovio, le rompió el candado para leerlo. Entonces dejé de escribir. Fue como un bloqueo y dejé de poner mi vida en un papel. Apenas ahora es que estoy empezando de nuevo. Soy una escritora tardía.

Y deja flotando un silencio en el que nos imaginamos un caudal de vida que se dejó pasar como un vendaval visto tras la ventana cerrada.

Hay quien escribe relatos policíacos, otros prefieren la poesía. Unos son autobiográficos, los otros, ni pensarlo. Una de ellos vive a cinco minutos en bicicleta y otro ha estado dos horas en tren. Tenemos ganas de escucharnos en nuestro propio idioma y los acentos regionales le dan al conjunto la variedad de una sala de conciertos donde cada instrumento tiene su priopio timbre.

Algunos no han podido estar presentes y nos escuchan en línea desde un recuadro en la pantalla. Es como un muro mágico donde algunos ladrillos están vivos y comentan algo con voz metálica por momentos. Nos estamos conociendo y estamos ávidos de saber quién está dentro de cada mirada.

Al terminar la velada unos van a Ámsterdam, otros a Eindhoven o no sé dónde más. Yo camino con Serafín que nos ha contado sobre la hibridación de los tomates en Holanda. Y claro que me intriga saber cómo alguien que ha estudiado arte y literatura en la universidad está metido ahora entre las plantas.

– Estuve cargando cajas cuando llegué a Holanda, no había de otra. Luego, cuando conseguí un trabajo en la agricultura, me ayudaron a sacar un diploma de eso. Porque con lo que yo sabía no podía encontrar trabajo en ninguna parte.

– Me pasó lo mismo. Yo he dejado de escribir por tener que ganar dinero y limpiar pañales. Pero me da la impresión de que este grupo me va a estimular a expresar lo que se ha quedado oprimido, resagado tanto tiempo.

– Hay tantas cosas que la gente no sabe de uno… aquí…

Y al día siguiente, en la mañana, cuando al despertar me pregunto por qué sigo viviendo en este país tan lejano a mi origen, la tibieza del amor respira a mi lado. Sus muslos a ambos lados de mis piernas son firmes y la caricia del cabello rubio sobre mis mejillas me eleva el amor de nuevo. Digo algo en español, y puede ser la lista de la compra o un poema de Neruda, lo mismo da para alguien que siente la pasión de un lenguaje desconocido y exótico, pleno de ansiedad en la penumbra. “Je bent mooi” me dice y soy de nuevo la arena bajo el azul de su mirada.

Es una de las razones para estar aquí. Es el mundo que me ha recibido y he conquistado.

– Blanca dice que ella escribe en la cabeza mientras cocina, y que no es triquismiquis en esto de la escritura porque igual usa el móvil para anotar lo que se le viene a la cabeza.

Esto es lo que ha dicho Sara de mí frente al grupo con su voz franca y el volumen abierto.

En ese momento no sabía yo que las palabras que estoy escribiendo ya rondaban en mi mente. Cuando era niña coloreaba la anatomía humana con pocos lápices de colores. Así que los intestinos y las protuberancias del cerebro eran igual de rosas. Yo veía el interior de cráneo lleno de tripas donde las ideas iban como monjes en los pasillos de un monasterio. Y ahora que repaso las vivencias de ayer se unen estas imágenes obedientes a la fantasía para que no se olviden. Porque me llena de ilusión este encuentro. Es como haber encontrado amigos en el patio y alguien ha traído una pelota.

La inteligencia artificial ha venido a sustituir a la conciencia católica, a la omnipresencia divina que sabía si te masturbabas o no. Las amenazas del cura ahora son las voces apocalípticas del móvil anunciando el final de los tiempos.

“Habrá que volver al Dadaísmo, al absurdo completo para que no nos encuentre la Inteligencia Artificial” me digo con mi Rebeldía Natural.

Han pasado algunos días desde que escribí el comienzo de este texto y ahora necesito escribir algo para el blog, para contar por qué estamos unidos en una Asociación. ¿Qué voy a contar? Que vinieron tantas personas a vernos, a hablar con nosotros: directores, eminencias. Los embajadores estuvieron ahí como los Reyes Magos, vaticinando maravillas. Y nuestros padrinos Herman Koch y Amalia Tena nos hicieron reír, como quien se asoma a la cuna haciendo gestos y lanzando bellezas. Nos están mirando y algo esperan de nosotros. Sonreímos frente a las cámaras, nos abrazamos.

Debí haber escrito la crónica de ese día, pero en cambio tengo aquí lo que pasó antes de aquello, la timidez que respiramos y el deseo intenso de elevar nuestras voces. ¿Será que la gente quiera saber lo que ha sucedido tras bambalinas? Lo dejo así, me digo.

Y luego, para terminar este texto, pongo en el espacio del buscador: “sinónimo de socios” para darle un título. Y me contesta: “Nosotros encontramos 38 sinónimos de la palabra SOCIO, éstos son algunos de ellos: abonado, accionista, acólito, adepto, adherido, afiliado, afín, aliado, apuntado, asistente, asociado, beneficiario, bolsista, camarada, cofrade, colaborador, colega, compañero, condueño. Ver todo.”

Escribo “Nuevos hermanos” y cierro la pantalla.


Te invitamos a leer la nota de prensa publicada en El País.

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