Palabras iniciales

Palabras de la presidenta de la asociación de Escritores Hispanos en Países Bajos pronunciadas durante la presentación del 22 de abril

Por Karina Miñano

Duende y oficio

«El duende no está en la garganta; el duende sube por dentro desde la planta de los pies». 

Esta frase pertenece a Federico García Lorca y cada vez que vuelvo a escucharla, me recuerda por qué estamos aquí.

Cuando Lorca habla del duende, oigo algo cotidiano que nos pertenece a todos los que estamos en esta sala: la necesidad de hacer, de escribir y de crear, que no se negocia. El duende, para quienes escribimos fuera de nuestra geografía, es esa fuerza que a veces llega como una idea luminosa y otras veces como una incomodidad en el pecho. Es la exigencia de no callarse.

Y a muchos nos pasa algo particular cuando migramos: llegamos a un país nuevo con planes, con trabajo, con una vida por levantar… y con esa otra vida que llevamos dentro. Esa que no siempre se ve, pero manda. La vida de las palabras.

Yo no podía dejar de escribir al llegar aquí. Me daba miedo, sí. Porque el miedo no es solo a la página: es al lugar. A preguntarse si nuestra lengua —la de Cervantes, la de Rulfo, la de Cortázar— tiene un sitio donde sonar bajo este cielo. A sentir que el español, de pronto, se convierte en algo doméstico: se habla en casa, para llamar por WhatsApp a la familia, para el refugio de los sueños… mientras que afuera, en la calle, en el tranvía, uno siente que se vuelve más pequeño.

Hoy estamos aquí para hacer el movimiento contrario: abrir. Volver público lo que existe. Poner presencia donde había dispersión. Y hacerlo con respeto por el país en el que vivimos, y que nos ha adoptado —por decisión nuestra.

Saludos y agradecimientos

Y precisamente porque hoy abrimos las puertas de esta casa común, quiero detenerme un momento para mirar a quienes nos rodean. No estamos solos en este esfuerzo.

Es un honor saludar a las delegaciones diplomáticas y representantes de organismos culturales. Su presencia hoy no la siento como un protocolo, sino como un mensaje claro: que la literatura es un puente vivo.

Gracias al Embajador de El Salvador, Agustín Vásquez Gómez, en representación del Grupo de América Latina y el Caribe, GRULAC, por sus palabras y por acompañarnos.

Al agregado cultural y consejero de la Embajada de España, Don Joaquín Durán, por estar con nosotros y sus palabras de aliento.

Gracias al embajador de Uruguay, Álvaro González, como representante del Club de Amigos del Español de La Haya, por sus palabras.

Gracias al Instituto Cervantes, por acogernos hoy y por creer en este proyecto desde el día uno. Estar aquí hoy, bajo este techo, tiene un peso simbólico enorme. Pues nos están ofreciendo un hogar para que nuestra relación crezca.

Y quiero hacer un agradecimiento especial a quienes han apadrinado este evento: al escritor neerlandés Herman Koch y la escritora española Amalia de Tena. Gracias por su apoyo, por su generosidad y por entender que un proyecto cultural necesita no solo ideas, sino gestos reales de apoyo.

Gracias también a todos los autores que con mucho entusiasmo nos han enviado mensajes de saludo, haciendo hincapié en la necesidad de asociarnos y hacer que nuestra lengua se haga un lugar en nuestro país adoptado.

Anécdota

Para entender por qué esta asociación es urgente, tengo que contarles lo que viví el año pasado aquí en Utrecht. Estaba en el mercado de libros de la feria más grande del país, el ILFU.

Caminaba entre mesas llenas de libros en neerlandés, inglés, francés, alemán. Sentía esa energía vibrante de las ferias, donde los libros pasan de mano en mano. Y, de repente, entre el murmullo de la multitud, escuché una frase que me golpeó con la sencillez de una verdad absoluta, pues era la pregunta que yo misma me hacía. Alguien dijo en voz alta y en nuestra lengua:

—«No encuentro libros en mi idioma».

Esa voz sonaba a queja, pero también a orfandad. Era una persona que buscaba encontrarse en una página y solo hallaba silencio. O, peor aún, encontraba libros en español muy antiguos, ediciones de hace décadas, como si el español aquí fuera una reliquia guardada en formol en lugar de una lengua que está respirando y escribiéndose en este preciso instante.

Me quedé pensando en esa persona —y en todas las personas que no estaban diciendo nada en voz alta, pero sentían lo mismo.

Porque hay lectores en español. Muchísimos. Personas que viven aquí, que trabajan aquí, que crían hijos aquí, que estudian aquí. Personas que leen.

Y autores también hay. Autores que están escribiendo desde aquí.

La pregunta que me quedó fue muy concreta: ¿por qué ese lector no nos encuentra? ¿Dónde están nuestros libros cuando el público los busca?

Y ahí apareció la primera certeza: si queremos presencia, no basta con esperar a que alguien nos descubra.

Hay que estar.

Origen: de 8 a 20 y la constitución formal

La primera idea fue pequeña: reunir a unos cuantos escritores, ir juntos, llevar nuestros libros, hablar con lectores. Contacté a ocho personas. Ocho. Lo que pasó después fue lo interesante: la idea creció al tocar otras manos. Dejamos de pensar solo en una feria y empezamos a hablar de algo más serio: estructura, continuidad, comunidad.

Comprendimos que una feria dura un fin de semana. Una presencia cultural se construye con tiempo.

Hoy somos 26 socios, de los cuales 20 somos socios fundadores. Venimos de diferentes países con culturas diversas y una lengua en común.

Llegar a este punto ha implicado un trabajo que no se ve. Actas, reuniones, decisiones, aprender cómo funciona una asociación aquí, entender reglas, responsabilidades, tiempos.

Nos hemos constituido formalmente y estamos aprendiendo. Aprendiendo a hacer funcionar una casa común para escritores que, por naturaleza, están acostumbrados a trabajar solos.

No siempre es cómodo. Pero es necesario.

Migración y adaptación: escribir viviendo en neerlandés

Escribir en español en los Países Bajos no es una rareza. Es una realidad cotidiana para muchas personas. Lo singular es que esa realidad, a veces, no tiene forma pública.

Y aquí aparece la migración como experiencia. Migrar te cambia el oído. El cuerpo. La manera de mirar.

Aprendemos una nueva lengua para trabajar, para vivir, para entender. El neerlandés es una puerta a la cultura que nos rodea. Leer una noticia, entender un chiste, seguir un debate, escuchar cómo se discuten aquí la educación, la libertad, la convivencia. Todo eso entra en la escritura aunque no lo decidamos.

A mí me interesa decirlo porque esta asociación no nace para encerrarse en una burbuja. Nace para dialogar con el país donde vivimos.

Aprendemos neerlandés porque somos parte de esta sociedad. Y porque queremos estarlo mejor. Queremos comprender, no solo habitar.

Y, además, queremos que nuestra literatura circule también en neerlandés. Queremos traducción. Queremos publicaciones. Queremos lectores que hoy quizá no se asoman al español, pero sí se asomarían a una historia si llega en su lengua.

Algunos de nuestros escritores ya traducen, ya publican o ya colaboran con espacios neerlandeses. Eso es una pista de futuro: la literatura en español puede vivir aquí sin quedarse al margen, y puede entrar en conversación con el ecosistema cultural neerlandés.

Transformación: Nooteboom + escribir desde el desplazamiento

Hay una frase atribuida al novelista neerlandés Cees Nooteboom —un autor que entiende el viaje como transformación— que me sirve para expresar lo que ocurre cuando uno cambia de lugar de verdad:

«Solo entonces te has ido de verdad, tanto, que te conviertes en otro». 

Esa transformación es real. Y también es literaria.

Porque el «otro» que uno se vuelve no borra lo anterior, sino que lo reorganiza. Te vuelves alguien capaz de mirar con dos perspectivas. Con dos memorias. Con dos ritmos.

Y aquí quiero incluir una voz que a mí me parece especialmente honesta para hablar del exilio. En una entrevista, Cristina Peri Rossi dijo:

«El exilio -y por extensión la migración- da mucho para la lamentación, pero uno no puede quedarse en eso; es una experiencia que enriquece y mucho».

Eso es importante para nosotros.

Sí: muchos escribimos desde la migración.
Sí: hay heridas y hay desarraigos.
Pero también hay ampliación de mundo. Y esa ampliación merece forma, merece salida, merece lectores.

Objetivos narrados: lo que haremos y cómo se verá

No quiero aburrirlos con un folleto de objetivos, pero sí quiero que imaginen con nosotros lo que viene.

Queremos que el escritor que llegue a este país no pase años en el anonimato. Queremos ser su punto de entrada. Queremos organizar lecturas donde el español se encuentre con el neerlandés en bibliotecas, universidades, librerías, festivales y tal vez escuelas y plazas. Celebrar los acontecimientos importantes de nuestra lengua. Hacer presentaciones, dictar charlas y también nutrirnos como profesionales que somos. Es decir, pasar de la intención a espacios y oportunidades reales.

Queremos que la comunidad lectora en español —que existe, aunque a veces esté dispersa— tenga un lugar al que volver: un calendario, una red, una continuidad.

Queremos también ser un apoyo para las actividades culturales de embajadas e instituciones: ayudar a convocar público, proponer autores, construir programación en español con calidad y con sentido.

Y queremos cuidar la lengua como herramienta viva. Aquí me permito traer una advertencia preciosa de la escritora española Carmen Martín Gaite, que hoy nos viene como anillo al dedo:

«Perderle el respeto a las frases hechas… es desentumecer el lenguaje, sacarlo del alcanfor». 

Eso es lo que haremos: un español sin alcanfor, un español que huela a hoy y a aquí.

Petición concreta a embajadas: ser puente y punto de referencia

Para lograr todo esto, necesitamos colaborar. Y lo digo en el sentido más práctico porque no nos sostenemos solo con voluntad.

Por eso pedimos algo concreto a todos ustedes, a las embajadas y organismos oficiales que hoy nos acompañan:

Que sean un punto de referencia para conectar autores y, por qué no, lectores.

Ustedes conocen a sus comunidades. Ustedes saben quiénes llegan, quiénes escriben, quiénes publican, quiénes dan talleres, quiénes están empezando.

Si le dicen a sus autores y lectores: «Existe la asociación de autores hispanos en Países Bajos; aquí hay una red», podrían estar cambiando la trayectoria de esas personas.

Y, a cambio, queremos ser socios reales para su trabajo cultural cuando lo necesiten.

Anuncio: Feria del Libro Hispano (abril–mayo 2027)

Dicho esto, hoy queremos anunciar algo que para nosotros es más que un evento: es una visión.

La Feria del Libro Hispano en los Países Bajos tendrá su primera edición entre abril y mayo de 2027.

Queremos que sea el sello distintivo de la Asociación.

Un espacio donde autores, lectores, editoriales, traductores, bibliotecas e instituciones se encuentren. Donde el español tenga un lugar visible, contemporáneo, amplio.

Donde el neerlandés también esté presente, porque queremos el diálogo, queremos traducción, queremos circulación.

Y lo decimos desde ahora porque una feria así no se improvisa. Se construye con tiempo, con socios, con acuerdos, con trabajo.

Gobernanza, aprendizaje y trabajo por venir

Llegar a este punto ha implicado un trabajo administrativo silencioso. No es la parte romántica del oficio, nos saca de la zona creativa, pero es la parte necesaria.

Y como decía el gran poeta peruano César Vallejo:

«Hay, hermanos, muchísimo que hacer».

Hemos empezado. Hoy nos presentamos al público. Van a escuchar más de nosotros, mucho más. Tocaremos puertas, queremos alianzas, colaboración, complicidad

Quiero cerrar recordando que, antes que escritores, todos aquí somos lectores o venimos de un lector. Alguien nos puso un libro en las manos o nos mostró que las palabras podían ser casa.

El premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, lo dice con una sencillez que estoy segura de que todos aquí podemos reconocer.

«Leer es la cosa más importante que me ha pasado en la vida». 

Y quiero que esta Asociación crezca. Que lleguen más escritores. Que los que escriben teatro, poesía, cuento, novela, ensayo, crónica —porque somos todo eso— sientan que no están solos en la intemperie.

Hay una frase del poeta salvadoreño Roque Dalton que me acompaña desde hace tiempo y que hoy encaja con esta vida entre lenguas:

«La lengua es mi patria». 

Gracias por estar aquí para empezar a sostenerla con nosotros.

La Asociación de Escritores Hispanos en Países Bajos no se hizo sola. Por eso quisiera hacer una mención especial a los 20 socios fundadores quienes se comprometieron y pusieron las bases para que esta asociación viera la luz

Alejandra Darriulat
Alejandra Szir
Alexandra de Castro
Amira Armenta
Blanca Cano
Elena Azcondo
Janet Luján
Juan Carlos Estrada
Luisa Varela
Luz Belén Mendizabal
Marina Rosas
Mercedes Menendez
Oscar Velázquez
Ramón Haniotis
Raúl Orrantia
Ricardo Cuadros
Sara Montero
Serafín Vargas
Stella Silvestre
Y, quien les habla, Karina Miñano.

Muchas gracias, sobre todo a la mejor junta directiva que una asociación puede tener. Sin ellas, Alexandra, Amira, Blanca, Elena, Sara, Ramón y Ricardo. No estaríamos aquí. Muchas gracias.


Fotos cortesía del Instituto Cervantes de Utrecht.

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