Por Ricardo Cuadros
Tres poemas de la web personal del autor:
SOBRE LA OBEDIENCIA POR AMOR AL ARTE
Ven, dijo, vas a cavar tu propia tumba.
En el Planeta de los Simios los poetas trabajan
en descampado, con la picota marcan puntos
seguidos, con la pala separan las cláusulas
y adornan los sustantivos.
El vigilante me preguntó qué tipo de versos escribo.
Poemas tuertos, respondí, y nos reímos bajo el sol
inclemente. Te ayudaría, dijo, pero me lo prohíben
las leyes.
Terminé de abrir la fosa y entré en ella.
Muy bien, dijo el vigilante, ahora te voy a tapar
con tierra, y así lo hizo.
En el Planeta de los Simios es costumbre
obedecer por amor al arte, con pala y picota,
bajo el sol inclemente.
DRAGÓN
A Gonzalo Millán
(1947-2006)
Lúcido como un borracho sin una gota de alcohol en la sangre, afirmó los pies en la espalda del dragón, por fuera la lucidez, por dentro el resuello de la masa mendicante, hundió el talón entre la octava y la sexta vértebra y tradujo lo que vio. Una ola de discursos amorosos en aymará, ola de acero líquido en el curso de las corrientes marinas. Viajó suavemente en largas jornadas hasta las playas de las Islas Salomón, donde nadie habla aymará. Tierra adentro, siglos más tarde, los poetas hablaron de un extraño que llegó montado en una bestia sagrada, fumando. Tradujo lo que vio, no alcanzó a escribirlo todo. Cuando antes de partir sonreía, las nubes dibujaban al dragón en el horizonte, los días pasaban lentos y a nuestros pies resonaba el mar de las Islas Salomón.
EL HOMBRE QUE FUI
Me acerco para estar con él, cercado mi corazón por una empalizada que no va a entender, madera en ocasión distinta a la de la silla. Va conmigo la cerca y él me huele, endurece las orejas para calcular la distancia pero cambia la brisa y quedo a salvo. El hombre que fui arroja una lanza de saliva entre los palos.
Corren tiempos crueles, la costurera borda estrellas en el cielo raso, nació cuando le tocó en suerte y hace lo que puede, borda soñando que la desposa un nómade a su pesar, necesitado de mujer. Semana del abrazo, amor al tacto, corren los tiempos como gacelas por la sabana y ellos desnudos.
Se lo puede oír allí dentro, el corazón que soportaba la soledad como un guijarro, hasta que hubo un pero y enfermó de infinito. El hombre que fui gira en torno al sol, hace marcas en la madera, ora como un ternero mientras el nómade ordeña a su madre. ¿Tendría que sentarme a esperar esa leche? La tormenta de verano será la misma cada verano.
Notas sobre dos de los poemas
Sobre la obediencia por amor al arte
Los poetas que fueron elegidos por el exilio suelen llamar Planeta de los Simios a su país, ciudad o aldea natal. Es una forma de reírse de sí mismos y nadie les agradece la broma.
Dragón
Con Gonzalo Millán en Rotterdam conversamos varias veces sobre el I Ching y el horóspoco chino – él era perro, yo caballo, bestias compatibles – pero el dragón de este poema no es el del horóspoco chino sino la serpiente marina del artista japonés Utagawa Kusinada (1923-1880).


